Capacidad de computación en España: una pieza de la autonomía digital europea

Durante años, buena parte del debate tecnológico europeo se ha concentrado en quién desarrolla los modelos de inteligencia artificial más avanzados. Pero detrás de cada modelo hay una infraestructura física que resulta mucho menos visible: centros de datos, procesadores, almacenamiento, redes de alta capacidad y sistemas de refrigeración y suministro energético. La propia iniciativa europea de gigafactorías plantea estas instalaciones como una combinación de capacidad masiva de computación, procesadores avanzados, software, tecnologías cloud, conectividad de alta capacidad y centros de datos energéticamente eficientes.  

La capacidad para disponer de esos recursos se ha convertido en un elemento estratégico para la Unión Europea. EuroHPC señala expresamente entre los objetivos de las futuras gigafactorías reforzar la industria europea, desarrollar nuevas soluciones de IA y fortalecer las cadenas de valor europeas tanto en software como en hardware.  

España ya forma parte de esa arquitectura. El Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC) alberga MareNostrum 5, un superordenador europeo de tipo pre-exascala situado en Barcelona. Según EuroHPC, MareNostrum 5 alcanza una capacidad sostenida de 215,40 petaflops y una capacidad máxima de 314 petaflops.  

De los superordenadores a las gigafactorías 

La nueva generación de infraestructuras europeas pretende ir bastante más allá de la supercomputación tradicional. Las fábricas de IA están diseñadas para poner capacidad de cálculo, datos, software, conocimiento especializado y servicios de apoyo a disposición de investigadores y empresas. 

En España, la fábrica de IA del BSC se articula alrededor de MareNostrum 5. El proyecto contempla actualizar el superordenador con capacidades avanzadas específicamente orientadas a cargas de trabajo de inteligencia artificial, además de desarrollar servicios de acceso a recursos HPC optimizados para IA, espacios de datos, bibliotecas de software y soporte especializado.  

El proyecto contempla también mecanismos de apoyo para startups, pymes y sector público, así como programas de formación, aceleración e incubación. La idea es que la infraestructura no sea únicamente un recurso de cálculo, sino un punto de acceso a servicios tecnológicos para el ecosistema europeo de innovación.  

España cuenta además con otra fábrica de IA: 1HealthAI, ubicada en el Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA). Fue seleccionada por EuroHPC en 2025 y está orientada al concepto One Health, con aplicaciones relacionadas con la salud humana, animal y medioambiental. Entre sus ámbitos de trabajo figuran la genómica, la medicina personalizada, la agricultura y alimentación sostenibles, la biotecnología y la salud ambiental.  

El siguiente salto de escala son las gigafactorías de IA. EuroHPC abrió el 30 de julio de 2026 la convocatoria para seleccionar los consorcios que construirán y operarán estas nuevas instalaciones. La convocatoria permanece abierta hasta el 12 de noviembre de 2026, por lo que a fecha de este artículo todavía no se ha producido la selección de los proyectos.  

Las instalaciones deberán ofrecer una infraestructura de computación soberana para investigadores, administraciones, emprendedores, industrias y pymes europeas. EuroHPC establece además que una gigafactoría deberá integrar al menos entre tres y cuatro veces el número de procesadores de IA más avanzados disponibles actualmente en las fábricas de IA europeas.  

España ha decidido competir por una de ellas. En junio de 2026, el Consejo de Ministros autorizó una inversión de 719 millones de euros, a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), en el consorcio público-privado que prepara la candidatura española. El proyecto contempla una candidatura multisede con ubicaciones en Móra la Nova (Tarragona) y San Fernando de Henares (Madrid).  

Pero hay una precisión fundamental: España no tiene adjudicada todavía una gigafactoría europea. Lo que existe a septiembre de 2026 es una candidatura española que concurrirá al proceso europeo abierto por EuroHPC. La selección de los proyectos se realizará después del cierre de la convocatoria, previsto para el 12 de noviembre.  

La infraestructura como política industrial 

La relevancia de esta carrera no está únicamente en acumular capacidad de cálculo. El objetivo europeo es que alrededor de esas infraestructuras crezca una cadena tecnológica propia. 

La propia convocatoria de EuroHPC señala que las gigafactorías deben reforzar las cadenas de valor europeas de hardware y software y contribuir al desarrollo de nuevas soluciones de IA. También establece que las instalaciones estarán orientadas a servicios de entrenamiento, ajuste (fine-tuning) e inferencia de modelos avanzados para usuarios públicos y privados.  

Eso convierte la computación en una cuestión industrial. Operar estas instalaciones requiere tecnología, software, redes, almacenamiento y soluciones para gestionar el consumo energético y la refrigeración. La convocatoria europea exige expresamente que las gigafactorías cuenten con suficiente infraestructura energética y apliquen criterios de eficiencia energética, eficiencia en el uso del agua y circularidad.  

Y requiere también profesionales capaces de diseñar, gestionar y aprovechar estas infraestructuras. Aquí aparece uno de los retos para España. El Informe de la Década Digital 2026 de la Comisión Europea señala que España cuenta con una infraestructura de conectividad sólida y una población con buenas competencias digitales, pero advierte de que el país todavía no aprovecha plenamente esos activos en la adopción empresarial de tecnologías avanzadas y señala que la proporción de especialistas TIC sobre el empleo total es inferior a la media europea.  

La cuestión, por tanto, no es solo cuántos procesadores pueda tener España. También importa quién los utilizará, qué empresas desarrollarán tecnología alrededor de ellos y qué conocimiento se generará en universidades, centros de investigación y compañías. 

La apuesta europea por las gigafactorías responde precisamente a esa lógica. EuroHPC plantea que investigadores, industria y sector público de toda Europa puedan acceder a estos sistemas para avanzar en investigación y desarrollar aplicaciones con impacto industrial y social.  

En ese escenario, España parte de una base ya existente: cuenta con MareNostrum 5, participa en dos iniciativas europeas de fábricas de IA y ha puesto en marcha una candidatura para albergar una infraestructura de una escala muy superior.  

El desafío será convertir esa capacidad en algo que vaya más allá del propio centro de datos. La infraestructura puede ser el punto de partida para desarrollar proveedores, formar especialistas, atraer proyectos de investigación y facilitar que empresas españolas y europeas utilicen recursos de computación avanzada. 

Porque en la economía de la inteligencia artificial, la potencia de cálculo se ha convertido en un activo estratégico. Y para Europa, disponer de ella dentro de sus fronteras no significa prescindir de la tecnología internacional, sino contar con capacidad propia para investigar, desarrollar y desplegar tecnologías críticas. Para España, la oportunidad está en que esa infraestructura genere además un ecosistema de empresas, conocimiento y profesionales capaz de convertir la capacidad de computación en actividad económica y tecnológica. 

 

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