La denominada “caída de los influencers” se ha convertido en una de las conversaciones del verano en las redes sociales españolas. No porque los grandes creadores hayan dejado de acumular seguidores, sino porque varias polémicas recientes han vuelto a colocar bajo la lupa un modelo basado en la exposición constante, las campañas publicitarias y una influencia que ya no parece recibirse con la misma confianza.
Los datos respaldan, al menos parcialmente, esa sensación de desgaste. La 28ª edición de Navegantes en la Red, elaborada por la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) con aproximadamente 15.000 respuestas válidas, muestra que el 56,4% de los entrevistados sigue a algún influencer, youtuber o streamer. Es decir, la audiencia continúa ahí. El problema aparece cuando se pregunta qué piensa de ellos.
Entre quienes siguen a estos creadores, el 69,8% cree que utilizan o abusan de la publicidad encubierta y el 61,9% considera que la mayoría de sus comentarios y publicaciones tienen carácter publicitario. Además, un 45,7% está muy o bastante de acuerdo con que la credibilidad del influencer está disminuyendo, mientras un 38,2% reconoce que estas figuras influyen en sus decisiones de compra.
Las cifras no hablan de la desaparición del fenómeno, pero coinciden con un momento en el que cada nueva polémica es examinada, discutida y amplificada por una audiencia mucho más crítica.
De Xokas a la hermana de Marta Díaz
Uno de los casos donde ese rechazo ha tenido consecuencias económicas directas es el de El Xokas. El streamer se vio envuelto en julio en varias polémicas por declaraciones realizadas durante sus directos. Entre ellas estuvieron sus comentarios sobre Ester Expósito y una respuesta a un usuario en la que presumió de haber ganado con una promoción de Burger King más dinero que los padres de esa persona trabajando durante dos décadas.
La controversia terminó saltando fuera de las redes. Burger King España canceló su colaboración con Xokas dentro de la campaña Grand King y señaló públicamente que sus declaraciones no representaban los valores de la compañía.
Muy diferente, aunque igualmente ilustrativo del debate actual, ha sido lo ocurrido con Marta Díaz y su hermana Laura. La joven, de 18 años, apareció públicamente durante la entrada de Marta en La Velada del Año VI, después de haber permanecido hasta entonces alejada del foco mediático. Su llegada a las redes fue fulgurante: en apenas unas horas acumuló alrededor de medio millón de seguidores y rozó el millón entre sus distintas plataformas en menos de 48 horas.
El crecimiento provocó críticas y abrió una discusión sobre el privilegio de comenzar una carrera como influencer respaldado por familiares que ya cuentan con comunidades millonarias.
AlphaSniper, hermano de Marta y Laura, no negó que el apellido tuviera mucho que ver con esa explosión inicial. El creador reconoció que, al tratarse de su hermana y de la de Marta Díaz, el impacto estaba prácticamente garantizado y explicó que habían utilizado deliberadamente su experiencia para generar expectación y dar visibilidad a Laura. También defendió su decisión de ayudar a su hermana a desarrollar una carrera en redes.
El episodio ha introducido así otra cuestión en la conversación: si el mundo influencer, nacido en buena medida como alternativa a las vías tradicionales hacia la fama, está reproduciendo ahora sus propias dinámicas de privilegio y acceso. Esa interpretación forma parte del debate generado en redes, no de una conclusión del estudio de AIMC.
Natalia Palacios y Carliyo convierten el eclipse en otra batalla en redes
La polémica más reciente ha tenido como protagonistas a Carliyo el Nervio y Natalia Palacios. El origen estuvo en un vídeo publicado por Carliyo durante el eclipse del 12 de agosto, en el que calificaba la atención generada por el fenómeno como una “cortina de humo” y criticaba el tratamiento que estaban realizando los medios de comunicación.
La reacción fue inmediata. Parte de los usuarios recordó que el creador había viajado durante julio a Estados Unidos para asistir al Mundial mientras Natalia Palacios estaba embarazada y utilizó esa circunstancia para reprocharle sus palabras sobre el eclipse.
Natalia Palacios salió entonces públicamente en defensa de su marido, pero también rechazó que su embarazo se utilizara para atacarle. La creadora explicó que durante ese mismo periodo ella había continuado trabajando y viajando, indicó que su embarazo no era de riesgo y defendió que ambos habían hablado previamente sobre sus respectivos proyectos profesionales.
Casos muy diferentes entre sí, pero con un denominador común: la relación entre los grandes creadores y sus seguidores parece haber cambiado. El éxito numérico ya no evita el escrutinio y una comunidad de millones de personas también puede convertirse, en cuestión de horas, en el principal altavoz de una crítica.
La paradoja está precisamente ahí. Instagram, TikTok y el resto de plataformas siguen teniendo un enorme peso —el 87% de los internautas consultados por AIMC utiliza redes sociales diariamente— y más de la mitad sigue a algún creador. Pero simultáneamente aumenta la percepción de exceso publicitario y pérdida de credibilidad.
Por eso, más que ante el final de los influencers, el verano de 2026 está dejando señales de un cambio en las reglas del juego: los seguidores continúan mirando, pero también cuestionan más, reaccionan con mayor rapidez y parecen menos dispuestos a conceder a sus referentes digitales una confianza automática.


