Por primera vez en la historia, tres de los gigantes tecnológicos más influyentes del mundo, Meta, TikTok y YouTube se sentarán en el banquillo de los acusados para responder por los efectos psicológicos que sus plataformas podrían estar causando en millones de menores. El caso, que arranca esta semana en el Tribunal Superior de California, podría marcar un antes y un después en la regulación de las redes sociales y en la responsabilidad legal de las tecnológicas frente al uso infantil.
La demanda ha sido interpuesta por KGM, una joven californiana de 19 años que comenzó a usar redes sociales a los 8 años y que afirma haberse vuelto adicta a ellas desde una edad temprana. Según su relato, el diseño de estas plataformas, con funciones como el “scroll infinito” o las notificaciones constantes, habría contribuido directamente a una espiral de ansiedad, depresión y pensamientos suicidas. El objetivo de la joven es obtener una compensación económica y forzar cambios estructurales en el diseño de estas aplicaciones.
Este juicio no es un caso aislado, ya que forma parte de una serie de demandas similares que se presentarán en EE. UU. a lo largo del año. Todas comparten una tesis común: que las redes sociales emplean mecanismos adictivos intencionados, diseñados para maximizar el tiempo de uso sin considerar el impacto en la salud mental de niños y adolescentes.
De prosperar las demandas, las redes sociales podrían verse obligadas a rediseñar sus algoritmos, establecer controles de edad más estrictos o incluso limitar funciones adictivas como la reproducción automática o el scroll infinito. También abriría la puerta a una nueva era de litigios tecnológicos, con foco en la protección de los más vulnerables.
El juicio, que ya ha entrado en la fase de selección del jurado, podría sentar un precedente histórico. Según me explicó Joseph VanZandt, abogado principal del caso, esta será una oportunidad clave para que la sociedad establezca nuevas reglas sobre cómo deben tratar las redes sociales a los menores.
La IA de Elon Musk
Mientras tanto, en Europa, las alarmas también se han encendido. La Comisión Europea ha iniciado una investigación contra Grok, el chatbot de IA de Elon Musk, por su supuesta implicación en la generación de imágenes sexuales de menores, lo que agrava el foco regulatorio sobre la relación entre tecnología, menores y salud mental.


