El Mobile World Congress vuelve a convertir a Barcelona en el epicentro tecnológico global. Sin embargo, la edición de este año va mucho más allá de los dispositivos móviles. La feria se reafirma como un gran foro internacional donde se debaten las industrias que marcarán el futuro, con la inteligencia artificial y el sector espacial como grandes protagonistas. En ese nuevo escenario, la posición europea aparece debilitada frente al empuje de Estados Unidos y Asia.
Del smartphone al poder tecnológico global
Hace tiempo que los casi 100.000 asistentes dejaron de acudir al congreso en busca del lanzamiento del último móvil. Aunque habrá presentaciones de nuevos dispositivos y marcas como Samsung aprovecharán el escaparate, el centro de gravedad del evento ya no está en el hardware.
Incluso parte de la expectación gira en torno a anuncios que podrían producirse fuera del recinto, como los de Apple, habitual ausente en la cita barcelonesa. El contraste refleja la transformación del congreso, que ha pasado de ser una feria sectorial a convertirse en un espacio de debate estratégico global.
Un cartel dominado por gigantes estadounidenses
La programación evidencia hacia dónde se ha desplazado el liderazgo tecnológico. Entre los ponentes destacan perfiles vinculados al ecosistema espacial y digital estadounidense, como la presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, y el vicepresidente de Starlink, Michael Nicolls.
También participan el presidente de Qualcomm, Cristiano Amon; el presidente del consejo de OpenAI, Bret Taylor; el CEO de Oura, Tom Hale; y la presidenta de Blizzard Entertainment, Johanna Faries. Incluso el actor Aaron Paul, popular por su papel en Breaking Bad, se suma a las conversaciones sobre cultura digital.
El mensaje implícito es claro. Las grandes referencias en IA, plataformas digitales y espacio proceden mayoritariamente de fuera de Europa. El continente mantiene visibilidad a través de sus operadores de telecomunicaciones, pero no lidera las nuevas fronteras tecnológicas.
Soberanía tecnológica bajo presión
Uno de los debates centrales del congreso gira en torno a la soberanía tecnológica europea. La comisaria Henna Virkkunen compartirá escenario con Marc Murtra, presidente de Telefónica; Jean-François Fallacher, consejero delegado de Eutelsat; y Tim Höttges, presidente de Deutsche Telekom.
La fragmentación regulatoria y la falta de escala empresarial siguen siendo los principales obstáculos. Bruselas estima que los operadores deberán invertir 21.000 millones de euros en cinco años para sustituir equipamiento de proveedores chinos considerados de riesgo. Las compañías advierten de que asumir ese esfuerzo sin comprometer el despliegue de nuevas redes será extremadamente complejo.
A ello se suma el debate sobre la consolidación del sector. Las telecos reclaman desde hace años un marco que facilite fusiones y permita crear grandes grupos paneuropeos capaces de competir con los gigantes estadounidenses y asiáticos. Los recientes movimientos en bolsa ante rumores de operaciones en Alemania reflejan que el mercado percibe un posible cambio de clima.
El Mobile World Congress confirma su transformación en un gran foro sobre las tecnologías que marcarán la próxima década. Pero también funciona como espejo incómodo. Mientras el evento crece en influencia y alcance temático, Europa sigue buscando cómo recuperar protagonismo en una carrera en la que otros actores ya han tomado la delantera.


