Apple podría romper este año con uno de los calendarios más reconocibles de la industria tecnológica. Los planes que manejan distintos proveedores apuntan a que la compañía presentaría en otoño los iPhone 18 Pro, iPhone 18 Pro Max y su primer teléfono plegable, mientras que el iPhone 18 convencional quedaría aplazado hasta la primavera de 2027. El iPhone 18e también formaría parte de esta segunda fase. Por ahora, la empresa no ha confirmado oficialmente esta estrategia.
El posible cambio no respondería únicamente a una decisión comercial. La creciente demanda de componentes para los centros de datos de inteligencia artificial está ejerciendo una fuerte presión sobre la disponibilidad y el precio de los chips de memoria. Incluso Apple, conocida por su enorme capacidad de negociación con los proveedores, está encontrando dificultades para asegurar todos los componentes que necesita en las condiciones habituales.
La compañía se enfrentaría a un desafío especialmente complejo si tratase de fabricar de manera simultánea hasta seis modelos diferentes, contando las variantes Pro y una posible segunda generación del iPhone Air. Cada dispositivo necesita millones de componentes, una planificación precisa de las fábricas y acuerdos anticipados con distintos suministradores.
La escasez de memoria limita el poder de Apple
Durante años, el volumen de pedidos de Apple le permitió ocupar una posición privilegiada dentro de la industria. La empresa podía reservar grandes cantidades de componentes, negociar precios ventajosos y obtener prioridad en las líneas de producción.
Sin embargo, el crecimiento de la infraestructura vinculada a la inteligencia artificial ha cambiado el equilibrio. Los fabricantes de memoria están destinando una parte cada vez mayor de su capacidad a productos para servidores y centros de datos, donde la demanda y los márgenes son superiores a los del mercado de teléfonos móviles y ordenadores.
Apple ya ha reconocido que los problemas de suministro y el encarecimiento de la memoria están afectando a sus previsiones. La compañía se encuentra estudiando proveedores alternativos mientras intenta contener el impacto sobre sus márgenes y sobre el precio final de los dispositivos.
Esta situación refleja un cambio relevante. Apple continúa siendo uno de los compradores más importantes del mercado, pero ya no puede dar por hecho que dispondrá de toda la capacidad de producción que necesita. La presión procedente de la inteligencia artificial obliga a la empresa a competir por los componentes con compañías que están realizando inversiones multimillonarias en centros de datos.
Dividir la fabricación permitiría concentrar inicialmente los recursos en los modelos más caros, que ofrecen un margen superior. Después, Apple tendría varios meses adicionales para negociar los suministros necesarios para el iPhone 18, el iPhone 18e y un posible iPhone Air 2.
El desafío recaerá además sobre John Ternus, que asumirá oficialmente el cargo de consejero delegado de Apple el próximo 1 de septiembre en sustitución de Tim Cook. La transición ha sido confirmada por la propia compañía y situará al actual responsable de ingeniería de hardware al frente de una etapa marcada por la presión sobre la cadena de suministro.
Separar los lanzamientos también beneficia al marketing
El calendario dividido tendría igualmente una explicación comercial. La llegada del primer iPhone plegable de Apple puede concentrar buena parte de la atención mediática durante la presentación de otoño. Si la compañía mostrase al mismo tiempo toda la familia iPhone 18, algunos modelos podrían quedar eclipsados.
Los iPhone 18 Pro compartirían protagonismo con un dispositivo plegable completamente nuevo, previsiblemente situado en la parte más alta del catálogo. En ese escenario, el modelo básico correría el riesgo de ocupar una posición secundaria dentro de una presentación saturada de novedades.
Trasladarlo a la primavera de 2027 permitiría a Apple organizar un segundo lanzamiento con mayor visibilidad para sus teléfonos más asequibles. También prolongaría la conversación sobre la nueva generación durante varios meses y evitaría que los distintos productos compitiesen entre sí por la atención de los consumidores.
Esta estrategia ofrecería además una mayor segmentación. Los usuarios dispuestos a pagar por las novedades más avanzadas encontrarían primero los modelos Pro y el plegable. Meses después llegarían las opciones convencionales, destinadas a un público más amplio y sensible al precio.


